Archivo de la categoría: Rincón literario

Un trozo de tela

Millones mueren de hambre en Somalia
y también el pueblo yemení,
la guerra arrasa Siria,
la represión hunde Haití.
La ignorancia vence a Europa
y nos quedamos así,
bostezando sin fin,
mientras un trozo de tela se restriega por el país.

Una bandera raída y descosida,
agria y revenida.
Dicen que somos mejores
por nacer donde nacimos,
y yo no recuerdo el momento
en que firmé el papel divino
en el que accedí a nacer
en este punto bendito.

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Si todo tuviera una explicación

Si todo tuviera una explicación, no existirían la duda, la incertidumbre, ni tampoco el amor. No existirían el desasosiego, la angustia ni la pasión. No mantendríamos largas conversaciones sobre la muerte, la nada y el futuro enloquecedor. No divagaríamos en la noche sobre lo que hay más allá de las estrellas, el inicio de todo y un final desgarrador. Conoceríamos todo, no quedaría nada por descubrir, nada en nuestro corazón.

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Su recuerdo (a mi amiga)

Cuando parece que el cielo se hunde y las nubes descargan la peor de las tormentas. Cuando te sientes pequeña, diminuta, ante la inmensidad de un universo que ha decidido actuar en tu contra y llevárselo… Llevárselo lejos.

Cuando nada es justo y la rabia te rompe los labios al morderlos con fuerza. Cuando te tiembla el alma y te duele el corazón, se desgarra y salen mares de dolor. Cuando todo parece un vacío inmenso y pierdes el equilibrio, y te encuentras a punto de caer a la nada más profunda.

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Mi castillo de cristal

full-moon-2097326_640Lo sabía. Sabía que pasaría. Desde el principio, desde el inicio, desde que lo vi empezar. Lo sabía, y accedí, consciente e inconsciente a la mitad. Pero lo sabía. Siempre, es lo de siempre, la historia de nunca acabar. Mi corazón se oculta entre los muros de su castillo para evitar al visitante que vendrá, consciente en su realidad. Pero al final, cede y asoma su carita para dejarse ver un poco más, inconsciente, sin pensar. Y precisamente ahí, en ese momento crucial, otra vez aquella tempestad. Seguir leyendo Mi castillo de cristal

Ya no

El primer día de mayo se asoma y sigue este frío gris. Este sol entre nubes, este sol de voy y vengo, no me quedo. Como tú. Que te vas, y vuelves, y te vas… ¿Y quién sabe si volverás? Pero, mientras tanto, ajeno a mi corazón, lo ignoras sin más. No te importa, ¡qué más da! Si total, no hay nada más. ¿Qué cabe esperar? Nada, no hay nada más. Ni lo habrá.

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A Ulises

Apareciste de noche, temblando, pequeño. Unas manos amigas te traían sucio, calado, hambriento, con apenas cuatro meses a tus espaldas. Te faltaba media oreja que hoy es tu seña de identidad y que supongo reflejará las vicisitudes de tu breve pero intensa vida en la calle. Pasabas entre nuestras piernas frotándote y ronroneando, agradecido. Aquella noche dormiste sobre un triste cojín colocado en el suelo de la cocina. Y apenas nos estábamos preguntando si estarías cómodo, ya estabas dormido. En el séptimo sueño. Como si hiciera semanas que no dormías, que no descansabas tranquilo en el calor de un hogar.

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