Archivo de la categoría: Rincón literario

Ya no

El primer día de mayo se asoma y sigue este frío gris. Este sol entre nubes, este sol de voy y vengo, no me quedo. Como tú. Que te vas, y vuelves, y te vas… ¿Y quién sabe si volverás? Pero, mientras tanto, ajeno a mi corazón, lo ignoras sin más. No te importa, ¡qué más da! Si total, no hay nada más. ¿Qué cabe esperar? Nada, no hay nada más. Ni lo habrá.

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A Ulises

Apareciste de noche, temblando, pequeño. Unas manos amigas te traían sucio, calado, hambriento, con apenas cuatro meses a tus espaldas. Te faltaba media oreja que hoy es tu seña de identidad y que supongo reflejará las vicisitudes de tu breve pero intensa vida en la calle. Pasabas entre nuestras piernas frotándote y ronroneando, agradecido. Aquella noche dormiste sobre un triste cojín colocado en el suelo de la cocina. Y apenas nos estábamos preguntando si estarías cómodo, ya estabas dormido. En el séptimo sueño. Como si hiciera semanas que no dormías, que no descansabas tranquilo en el calor de un hogar.

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Es la vida

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Corre. Huye. Salta. Vuela. Sobre las nubes, allí, tan alto. Tan alto que no veas nada detrás de ti. Ni debajo. Tan alto que tus miedos no puedan alcanzarte. Allá donde puedas tocar tus deseos con la punta de los dedos. Allí. Tan alto. Y después, como un halcón, baja en picado, sin miedo. Baja, desciende tan rápido como la rapaz y siente el viento en tu cara a toda velocidad. Baja, lánzate al vacío y sumérgete de lleno en tus peores pesadillas. Míralas a la cara. A ellas. Y a tus miedos. Mírales fijamente a los ojos y diles que allí estás para quererlos. Porque son parte de ti. Seguir leyendo Es la vida

Una noche

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El gemir del viento fresco
me susurra entre lamentos
que te escapas, que te vas,
que te escaparás de nuevo.

Llamaradas y ceniza
del volcán que hay en mi centro,
que se enciende y erupciona
con el calor de tus besos.

Cuando me pierdo en tu cuerpo
y me embriago con tu olor,
cuando la luna saluda
a través de tu colchón.

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Que sí

Que sí, que no. Que no, que sí. El mundo te atraviesa de lado a lado y se detiene de repente. El tiempo ya no existe y las luces y las tinieblas se hacen una. El placer y la confusión convergen en una espiral de confianza y comodidad. Y ya no sé. No sé si tenerte o no tenerte. No sé si besarte o no besarte. No sé si… quererte. Con el alma confusa me encamino hacia la vida. “¿Pues no es eso?” —dicen— “Disfruta”. Y disfruto, disfruto cada vez que estoy contigo, porque nadie me había llegado tan profundo sin enamorarme. Porque no solía creer en conexiones espirituales, en amigos que se acuestan, en… ¿almas gemelas?

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Nada más

Caminando entre tinieblas, nada más. Caminando entre espinas, nada más. Caminando entre fantasmas, nada más. Caminando entre recuerdos, nada más.
Caminando entre algodones, nada más. Caminando entre azucenas, nada más. Caminando entre luces y alegrías, nada más. Nada más.
Nada más mirarte, me estremecí. Nada más besarte, reviví. Nada más marcharte, me perdí. Y te perdí.

Pero vacío

Cerrar los ojos y no ver nada. El vacío. El abismo. Ahora lo entiendo. Ahora te entiendo.
No ver salidas. Sólo entradas a un mundo monótono y gris. Y sonreír, porque a la vida hay que sonreírle pase lo que pase.

Y optimismo, y avanzar pensando en mejorar. Siempre en mejorar. Pero vacío.
Las luces de un bar me anestesian y me llevan a otra dimensión. Y vuelvo a tener sueños. Y te vuelvo a ver. Pero el reloj marca las cuatro y no hay nada más. Sólo la realidad. Y vacío.

Aplastando la araña del conformismo y la resignación. No quiero. Me pregunto dónde están mis sueños. Pero la sociedad aplasta a la vez mi araña de la ilusión. Me dice que la vida es así, que no debería quejarme, que estoy muy bien, que ya quisieran muchas personas vivir como yo, que soy una privilegiada. Sí. Sí. Pero yo me pregunto: ¿eso es la vida?

Y, una vez más, un inmenso vacío.

Luna llena

Luna llena, que iluminas esta noche tan azul. Luna llena, que inyectas luz en mis venas y me ayudas a sonreír. Luna, que te conectas conmigo y me llevas a conocer los pueblos más ancestrales. Luna, que repites cada noche la tonada del amor y la soledad, la melancolía y la agonía. Luna, que sólo te cantamos cuando estás completa, que ignoramos tus demás caras, malditos farsantes.

Que te acurrucas conmigo en mi cama y velas mis sueños. Que en las noches oscuras iluminas mi camino. Que coses mi pasado roto con el hilo del presente. Que preparas mi futuro frotándote las manos, deliciosa. Que caminas por el firmamento ignorando a las estrellas, imponiéndote toda en la oscuridad del universo, en la soledad de la inmensidad.

Luna, que me lo traes en recuerdo cada noche. Que no me dejas olvidar. Que dulcificas mis recuerdos sin permitirme olvidar. Y me arropa en sueños, y veo su mirada una vez más. Y no está. Como tú, Luna, que cada mes te vas consumiendo poco a poco para volver a renacer treinta días después. Así es él. Desaparece y se desvanece en mis recuerdos. No recuerdo su mirada ni su voz. Y de repente tú me lo colocas delante y vuelvo a sentir todo aquello como si no hubiera pasado el tiempo, como si no existiera.

Luna, maldita Luna, que me haces escribir con sangre mis pensamientos. Que te revuelves en mi cabeza y no me dejas dormir. Sin embargo, no cambiaría por nada verte a mi lado cada noche, sonriendo traviesa. Y tráemelo muchas veces más. Todas las que quieras. Las que quieras. Siempre. Jamás.