¡Idiota!

Hombre. Mujer. Mujer. Hombre. Mujer. Mujer. Hombre. Hombre. Dos pieles que se rozan. Se acarician. Disfrutan bajo una misma sábana. Se encogen sus corazones bajo el calor de un beso. Tiemblan sus cuerpos al ver a otra persona. Sufren al verse humillados. En ocasiones se avergüenzan de sentir. Se avergüenzan de vivir. Porque no se les acepta. Porque se les mira mal. ¿Por qué, si ellos sienten igual? Sienten lo mismo, pero no por la misma persona. En contra de las normas sociales. En contra de todo.

¿Qué importa el sexo cuando se ama realmente? ¿Qué más da si una mujer ama a otra mujer o un hombre ama a otro hombre? ¿Acaso sucede algo cuando un hombre ama a una mujer o una mujer ama a un hombre? ¿Acaso sucede algo cuando yo te amo a ti, que eres un hombre? No. ¿Sucedería algo si yo amara a otra mujer? Sí. ¿Por qué? No lo sé. Por ser rebelde. Por oponerme a las normas. ¿Qué normas? Las impuestas. ¿Qué? ¡Estúpidas normas! Las normas las marca mi corazón, no un papel. No, no están sobre papel. ¿Entonces? ¿Qué clase de normas son si no aparecen escritas? Son normas sociales. ¿Qué tontería es esa? Las normas las marco yo. Si yo quiero amar a un hombre, como a ti, soy libre de hacerlo. Si ella quiere amarme a mí, es libre de hacerlo. Si él quiere amarte a ti, es libre de hacerlo. La correspondencia no es obligatoria. Sufren. Todos sufrimos. Pero no hablemos de normas.

Piensan, luego existen. Sienten, luego viven. Sufren, luego son humanos. ¿Humillarles? ¿Por qué? ¡Qué ridiculez! Humillaré yo a quien les humille a ellos. ¿Que cómo le humillaré? Diciendo que él es el imbécil. Que no hay diferencias. Que él es el marginado por discriminar sin razón. ¡Idiota!

Foto: “Chueca (Madrid)”, por Las Heras