Caminando

Caminando. Caminando y observando. La gente. El olor. El ambiente. El humo. La polución. Los ojos. Los cuerpos. La velocidad. Los caminos. Observando a mi alrededor. Nunca me había detenido y mirado a los demás. Y aun así estoy sola. Tanta gente, tantas personas, y cada una con múltiples historias que contar. Y no las escuchamos. Cada una es un mundo. Hasta es posible que en un futuro las conozca y se introduzcan en mi vida, dejando una huella más o menos grande, y quizá también un corazón lleno de vida o puede que herido.

Caminando y observando. El ruido. Las sonrisas. Las miradas. Los colores. Las verdades. Las mentiras. El dolor y la alegría. Tantos caminos que escoger y tan poco tiempo para recorrerlos. O me equivoco o acierto, pero siempre me pregunto qué habría sucedido si hubiera elegido el contrario. Tantas palabras que pronunciar y tan poco atrevimiento para hacerlo. Tantas cosas buenas que hacer y tan pocas veces nos decidimos por ellas. Tantas miradas y sonrisas lanzadas y tan poca facilidad para interpretarlas. Tanto dolor para tan poco gozo.

Caminando y observando. Que aunque me sienta sola, no soy la única. Tanta gente perdida en la gran ciudad, durmiendo en la calle. Tantas personas con hogar y, sin embargo, perdidas en su propia mente, en su propio corazón. Tanta tristeza que se introduce en nuestros cuerpos, asesinando a la alegría. Tanta esperanza triturada en la batidora de la resignación. Tanta tontería…

A veces quisiera subir a un acantilado y gritar que estoy viva. Que no todo el mundo puede decir lo mismo. Que sufro, sí, pero también como, bebo, duermo, tengo amigos y familia. ¿Para qué más? Como me dijo un sabio de la calle: Todo llega, y si aún no lo ha hecho, será por algo. Todo llega, y tenemos toda la vida para esperar. Y si no llega, ¿qué más da? Existen otros caminos para compensar.
Que la vida está para vivirla y no para limitarla. Tira por la borda los horarios y las prisas y vive, que no sabes si mañana estarás igual que hoy. Yo estoy viva, y eso ya es mucho.

Foto: “Destinos”, por Caótica